Biografía

29/06/2016

David de la Cruz Melgarejo nació el 6 de mayo de 1989 en Sabadell, una ciudad a pocos kilómetros de Barcelona. Actualmente es ciclista profesional en el Etixx Quick-Step, pero su adolescencia no estuvo marcada por una gran dedicación a la bicicleta. David creció haciendo deporte: su verdadera pasión era el atletismo y lo que mejor se le daba eran los 3.000m obstáculos, aunque también había practicado otros deportes como el futbol o la natación.

A los 18 años, David de la Cruz apenas sabía lo que era el Tour de Francia. Le preguntaban por los grandes nombres del ciclismo como Eddy Merckx o Bernard Hinault y no sabía quiénes eran. Poco se imaginaba que años después su vida le daría un giro tan importante. En aquellos tiempos trabajaba por las mañanas en un supermercado y por la tarde seguía con sus estudios cursando un grado medio. Sabadell y el deporte nacieron de la misma mano: en esta ciudad, es parte de su cultura y alberga muchos de los mejores equipos de Cataluña en diversas disciplinas: baloncesto, futbol, natación… Sin duda, David se contagió de este espíritu deportivo y fue un atleta notable.

Si una cosa le ha enseñado la vida es que siempre hay tiempo para lo que uno quiere hacer. Si por la mañana trabajaba y por la tarde estudiaba, había que encontrar un hueco para entrenar: al mediodía. Ya con la mayoría de edad, las únicas bicicletas que conocía David eran las de spinning; desafortunadamente, pasaba mucho tiempo lesionado y su entrenador le obligaba a ejercitarse en la bicicleta estática para reforzar sus zonas débiles. Quién iba a decir que tan sólo seis años después, el aburrimiento que sentía en esa máquina cambiaría por la felicidad de encontrarse disputando su primer Tour de Francia.

Para llegar a compartir pelotón con los grandes del ciclismo hubo un día D, mejor dicho, una tarde que fue clave en su futuro. Mientras estaba sentado en su pupitre escuchando al profesor, harto de su rutina, decidió levantarse ante el estupor de sus compañeros. Él ya no quería seguir trabajando en el supermercado, ni seguir estudiando, ni continuar con el atletismo. Quería un cambio de aires. Quería libertad. Y esa se la dio una querida BH Iseran que vio en un escaparate.  “¿Cuánto cuesta?”, preguntó. “500 euros”, fue la respuesta del encargado. “Guárdamela. Mañana vengo a por ella”.

David no quería la bicicleta para competir, sino para gozar de más libertad ante la ausencia de un coche disponible para moverse por Sabadell. “Gracias a mi primera bicicleta pude ir donde yo quería. Creo que una de las mejores cosas es ser consciente que con tu cuerpo puedes ir donde te propongas”.

La bicicleta para pasear era un reto demasiado fácil para un joven ambicioso e inquieto como él. En historias como estas, está claro que el destino está escrito. Una tarde, un pinchazo le obligó a acudir a Ciclos Trujillo para que se lo arreglaran. Allí se sintió cómodo, y curioso, se interesó por la vida de los ciclistas. El propietario de la tienda, le invitó a unirse con el grupo que salían los martes y los jueves. El plan era demasiado bueno para que David lo rechazara.

Se presentó el primer día que pudo ante la extraña mirada del resto de los componentes. Nadie confiaba en él, y era normal. El joven se presentó con un uniforme poco adecuado para la practica del deporte: pantalones cortos, camiseta, y ¡sin casco! Sin embargo, las apariencias engañan. David aguantó el fuerte ritmo durante toda la salida y sorprendió al resto de compañeros, que pronto cambiaron la desconfianza por la admiración.

Una de las personas más importantes para él fue Joaquim “Purito” Rodríguez. “Fue una persona clave para pasar a profesional. Siempre me apoyó y habló de mí al Caja Rural. Es el número uno del mundo y una referencia para mi como corredor y como persona”. El corredor de Parets le dio muchos consejos en una época clave para el desarrollo como corredor.

La bicicleta le hacía feliz y, meses después, cambió las máquinas registradoras del supermercado y los pupitres de la escuela por las herramientas y las bicis. Por las mañanas ejercía de mecánico y por las tardes salía en bicicleta. No necesitó demasiado tiempo para darse cuenta que el ciclismo se le daba mejor que cualquier otro deporte. Tras un breve paso por el Club Ciclista Sant Boi, asesorado por el jefe de Ciclos Trujillo, David fue ganando confianza. Como curiosidad, el Tour de Francia de 2009 llegó a Barcelona y David no quiso ir a verlo. “Decidí no ir porque quería que mi primera impresión de esta carrera fuera desde dentro, como ciclista”.

Esta seguridad y muchas horas encima de la bicicleta le llevaron a competir muy pronto en profesionales. Su paso por la categoría amateur fue breve. En el Caja Rural le vieron mucho talento y decidieron ficharle en 2010. De la Cruz permanecería en la formación española hasta 2013, cuando fichó por el equipo alemán NetApp-Endura.

De las tres temporadas que estuvo en la formación española, la última fue la más exitosa. En 2012, De la Cruz se marcó un segundo puesto en la general de la Vuelta a Asturias por detrás de Beñat Intxausti (Movistar Team), un cuarto puesto en la Vuelta a Castilla y León y también se adjudicó la clasificación de los jóvenes y un quinto puesto en la Vuelta a Portugal. Además, pudo terminar por primera vez la Volta a Catalunya, una de sus carreras favoritas.

En 2013, dio un salto de calidad fichando por el NetaApp-Endura, donde pudo correr por primera vez la Vuelta a España, pese a tener que abandonar cuando pasaban por su tierra, Cataluña por una lesión en la rodilla. La mejor actuación del año fue su 13º puesto en el Tour de California, una carrera que es de su agrado. En 2014, mejoró su resultado e hizo top 10.

Sin embargo, lo que marcó ese año fue su primera participación en el Tour de Francia. Allí demostró que ese adolescente muy seguro de sí mismo tenía razón: viviría un Tour desde dentro. Finalmente, las sensaciones no fueron del todo buenas. Con el propósito de ganar una etapa, y tras un inicio muy peleón, De la Cruz tuvo que abandonar tras sufrir una fractura de clavícula.

Tras conseguir unos resultados prometedores, fichó por la disciplina belga del Etixx – Quick Step, donde todavía milita. En 2015 corrió su primer Giro d’Italia y consiguió una 13ª plaza en la clasificación general del Critérium du Dauphiné, donde se dejó ver con los mejores. En un inolvidable 28 de agosto, consiguió su primera victoria como profesional. De la Cruz ganó la novena etapa de La Vuelta 2016 y se vistió de rojo en el Alto del Naranco.

Desde finales de 2016, el ciclista está representado por Giuseppe Acquadro, el agente más potente del pelotón internacional.

2017 empezó de la mejor manera para el sabadellense. De la Cruz ganó la etapa final de una durísima París-Niza condicionada por el mal tiempo. Pero ese no fue el único triunfo para el catalán. Tres semanas más tarde, David logró en Donosti otra victoria de etapa más el liderato, que conservó durante dos jornadas. Finalmente, el de Sabadell finalizó en cuarta posición la ronda vasca.

A sus 18 años, David se propuso ser ciclista profesional y en solo dos años lo consiguió. Ahora, se propone conseguir muchos triunfos en esta disciplina. ¿Cómo no vamos a confiar en él?